Un luto ahogado en lágrimas: Homenaje a Maya Plisétskaya

El ballet está de luto. El pasado 2 de mayo falleció la bailarina rusa Maya Plisétskaya en su casa de Múnich.

Maya Plisétskaya en Carmen

El cisne ha muerto ¡Ha muerto el gran cisne de la danza! El impoluto tutú de Fokine ha de teñirse de negro para honrar la memoria de una figura prodigiosa, una bailarina que ha transgredido fronteras con sus interpretaciones, que ha revolucionado los escenarios internacionales y que siempre será alabada por la expresividad y la perfección de sus movimientos. Un recuerdo que no podrá evaporarse, que permanece vivo en lo que la danza misma representa, y que debe ser transferido a las generaciones posteriores porque ella formaba parte de aquello que debe ser una Artista.

Es momento de alzar de nuevo el telón para que sus movimientos creen las figuras de una existencia dedicada por entero a la danza, y podamos ver como lo efímero deja una huella indeleble, cómo sus movimientos adoptan un cariz emotivo que perdura más allá de la psique del espectador, hasta arraigarse en las entrañas del ser, en una danza entregada al público. Así es cómo una bailarina se convierte en intérprete, sin ser esclava de los ornamentos técnicos, porque ella está en “Carmen” o en “Isadora”, los roles creados expresamente para ella por Alberto Alonso y Maurice Béjart respectivamente. Porque su danzar es pura emoción; una presencia hipnótica que convierte lo humilde en sublime.

Maya Plisétskaya nos dejó el pasado 2 de Mayo, tras una dilatada trayectoria por los escenarios de todo el mundo. Una carrera que se inició en el ambiente hostil de la Rusia Soviética, y que le hará finalmente adoptar en 1993 la nacionalidad española. Nacida el 20 de Noviembre de 1925 de una estirpe de artistas (los Plisetski y los Messerer), ostentará la distinción de prima ballerina assoluta desde 1962. Su contacto con la danza se inicia en la más tierna infancia, a los tres años, pero no será hasta 1934 cuando ingrese en la Escuela de Danza de Moscú. De proporciones perfectas y naturaleza arrolladora, se graduará en la Escuela Coreográfica del Gran Teatro Bolshoi a la edad de 18 años, y pronto debutará como bailarina profesional. Serán muchos los ballets que formen parte de su repertorio por su versatilidad interpretativa: Giselle, Lago de los Cisnes, La Bella Durmiente, Don Quijote, Romeo y Julieta, Spartacus, Bolero o La fuente de Bajchisarái, figuran entre los más destacados. Pero ella es sobre todo “Karenina”, es “Carmen”, es “Laurencia”, es “Isadora”, ella es el “Cisne”. Y no podemos dejar que las lágrimas inunden la escena y empañen una vida exitosa, personal y profesionalmente. Una mujer querida, que prolongó su aparición en los escenarios incluso en su 80 cumpleaños, cuando interpretó la pieza Ave Maya coreografiada por Béjart como homenaje a una carrera de triunfos. Un elogio a su danza, como la “Reina del aire” que siempre será, una coreografía que muestra su propia identidad, y que estará en el corazón de todo aquel que tuvo la dicha de asistir a alguna de sus representaciones.

Son muchos los galardones que le fueron concedidos. Entre ellos destacar el nombramiento de Artista del Pueblo de la URSS (1959), la Legión de Honor de Francia (1986), la Medalla de oro de las Bellas Artes de España (1991) o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes otorgado junto a Tamara Rojo en el 2005. Un reconocimiento que engloba también su labor como directora del Ballet del Teatro Lírico Nacional de España entre 1987-1990, actual Compañía Nacional de Danza, y que significó la recuperación de grandes ballets del repertorio, entre otras producciones. También resaltar en 1994 la fundación del Ballet Imperial Ruso y la publicación del su autobiografía Yo, Maya Plisétskaya; y en el 2000 la instauración junto a su marido, el compositor Rodion Shschedrin, de la Fundación Internacional Maya Plisétskaya y Rodion Shschedrin, con sede en Mainz que facilitará la preservación y la documentación de los materiales de ambos artistas.

Maya Plisétskaya se ha erigido en el panorama dancístico como una bailarina excepcional e irremplazable. Una bailarina que ha trabajado por la difusión del ballet, también en nuestro país, y que será recordada con cariño y nostalgia por representar una danza cercana a la poesía. Poesía en movimiento.
Su estela seguirá brillando en el recuerdo.
En una danza silenciosa.

Cintia Borges Carreras

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